22.7.09

Cuando sabes la verdad, podes elegir qué hacer con ella. Podes negarla o podes aceptarla. Buscamos desesperadamente la verdad, esa misma verdad que nos da miedo escuchar. Si negás, la verdad va a ser tu responsabilidad cuando te explote en las manos. La verdad libera, porque uno es dueño de hacer con ella lo que quiera... incluso negarla. Pero yo no niego la verdad. Es como un juego de mesas, si uno no pone un tiempo de juego es aburrido. Por eso la vida es divertida. Porque no dura para siempre. Podes vivir negándolo, pero lo único que vas a ganar, es desperdiciar tu tiempo, tu vida. Ya esta, ya sabes la verdad, ahora no hay nada que ocultar ¿que vamos hacer?, ¿ponernos a llorar? ¿qué? ¿voy a esperar sentada la muerte? no. Acordate de cuando nosotras éramos chicas, y papa nos retaba y nos ponía penitencia. ¿Y qué pasaba cuando volvía? Se re enojaba porque nos veía que habíamos armado toda una fiesta con las muñecas. Nosotras no nos largábamos a llorar, no desperdiciábamos ni un segundo y eso es lo que quiero hacer con mi vida. Así me queden tres segundos, no quiero desperdiciar nada. La salida al peligro esta en el peligro mismo. Ya sabemos la verdad. Ahora podemos llorar o podemos conservar la alegría. La verdad no se interpela, no se pregunta, nos arrincona y muchas veces no hay respuesta. La verdad a veces, no da certezas, sino algo mucho más peligroso: dudas. La verdad asusta. La verdad despierta, acude y paraliza. La verdad desnuda, incomoda. La verdad libera y confunde. Pero la verdad también nos da la fuerza para afrontarla con alegría. La verdad es como el sol en la cara en una tarde de invierno. Es un carnaval en la nieve. La verdad a veces duele, pero sin lugar a dudas, la verdad es, fue y será… la fiesta de todos

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